Días que se empujan en desorden. Que se auto-componen como un rompecabezas. Las horas atentas, desteñidas y fluídas como ríos suaves y embravecidos. Acciones que van revelando que ese desteñimiento, en principal, es limpieza de lo que ya no va, lo que no sirve para encarar el trabajo y demás. Está cada vez mas claro que no hay nada muy claro para nadie, mas allá de las seguridades personales, de los deseos y de tantos imaginarios (personales/ colectivos) que se entrecruzan, que se chocan, que conviven sin mirarse a la cara, sin registrarse, sin conocerse.Salir del automatismo es una árdua labor. Uno se siente inútil y hay que buscar otras formas/maneras de hacer, de operar. Yo estoy intentando encontrar esas formas de operar en medio de aguas movedizas que pasan todo el tiempo de dulces a saladas, de claras a oscuras, de calientes a frías. Esto también es una caracterología sumamente subjetiva y personal, y hay grados de necesidad humana que todos conocemos.Consultar a mi madre o recibir llamados de ella y llenarla de mis -finalemente- siempre idénticas reflexiones. Pero no, canejo, nada pero nada está igual que antes.Todo cambió tanto, y las dudas reflejan lo contrario porque siempre estuvieron allí. Lo que cambia es la intensidad/la repercusión.Decía: en medio de esta búsqueda voy encontrando maneras de operar, de trabajar aún en repetidas situaciones que simplemente no puedo entender (cosas insignificantes que pretenden absorber el tiempo y desrdenar la cabeza, siempre, como inagotables) y desde la incesante oleada de acontecimientos y humores voy escribiendo mi novela, mientras van apareciendo solas maneras de desplegar la variedad de experiencias vividas en una historia que se va desovillando a sí misma, sostenida sobre la base del distanciamiento.Lo que aparece, por ahora, es la medida justa entre lo ajeno y lo autobiográfico: poder combinar ambos aspectos para retroalimentar la historia, que tiene tantos dejos de opinión como geografías habitadas y, esencialmente, contradicciones vivídas, vistas, pensadas.Como decía un título de una nota que hizo Clarín a Veronese con motivo de su obra
Teatro para pájaros, ¨Exponer las contradicciones¨. Ese es el punto, mi punto ahora.Una frase que escucho decir desde distintas personas y en momentos disímiles: ¨Vamos a ver que se puede hacer¨. La frase q se hace eco cono un deja vu, como las últimas conversaciones con amigos/as donde me largo a llorar de repente o se me ponen los ojos a punto y ellos que ya nos aben qué decirme, pero yo sé que si ellos (que están cerca y con quienes casi no tengo pudores) me ven llorar, sin querer, voy a sentirme vaciada de eso que me produce las lágrimas, y que ya no tiene existencia ni razón ni motivos. Es algo así como un fantasma.
Cartones de pizzayempanadas acumulados, la poca comida que como en estos días compradas en los locales del barrio, se apilan en la heladera.
Alguien se comió las últimas dos empanadas que quedaban y sospecho de Alice (ni B ni P pudieron haberlo hecho, ya que comimos juntos en dos oportunidades y no en casa).
A falta de comida, prendo la pc queriendo novedades: en Yahoo recibo mails de Lola y de Walter (ambos mails, iguales o en definitiva anunciando lo mismo) y porqué Walter tiene mi mail?. Miro otros destinatarios y me viene la melanco: que será de la vida de toda esa gente? De algunas sé recortes, pero las extraño y quiero verlos.
A Agos ojalá la encuentre algún Lunes que vaya por Vera a juntar sillas, tirar vasos de plástico con té y barrer un poco.
Extraño sus textos, igual que los de Sol, Pauli, Cecilia, Eugenia, Marcelo. Y claro, las correcciones de Lola (y Rusia, su gata).
En realidad cuando digo ¨novedades¨ me refiero a eso que me comentó a las corridas F., tengo la sensación de que cualquier proyecto o algo similar que venga de la mano de estos catalanes puede llegar a ser muy interesante.
Vámos pues amigo, pónte las pilas coño.